marioMi amigo, Moncho, me ha pedido que escriba acerca de mi experiencia trabajando en el Teatro Sánchez Aguilar (TSA), situado en el hermoso Samborondón, con motivo de la celebración de su quinto aniversario. A mí, en particular, me trataron como a un rey; por eso sé que cualquier director de teatro estaría muy honrado en dirigir para esta prestigiosa institución, y si es para abrir su tercera temporada en 2014, como me pasó a mí.
El TSA fue concebido por la Fundación Sánchez Aguilar para contribuir al desarrollo cultural de los ecuatorianos, un nuevo espacio que promueve la cultura y el talento nacional en todas las expresiones artísticas, y le brinda a todos sus residentes un teatro universal.
Tuve la suerte de dirigir La hacedora de milagros (The Miracle Worker), de William Gibson, con un talentoso elenco comprometido al arduo trabajo de lograr sus personajes en poco tiempo. Actores, diseñadores y técnicos se lucieron delante de un público encantador. Fueron días intensos pero recompensados por el gran interés que tuvo el equipo de la producción en lograr una puesta digna. Esta obra, basada en la vida de Helen Keller, requería un elenco bien específico, por eso, luego de haber conocido a todo el elenco de actores -que contaba con ecuatorianos, un colombiano y un español-, no me quedó ninguna duda de que los resultados iban a ser edificantes para el equipo, el teatro, Guayaquil, y para mí.
La historia es sobre un hecho de la vida real; la acción transcurre en un pueblo de Alabama (USA) en 1881. En ella, se destaca un momento en la vida de la familia Keller, en la que a una niña ciega, sorda y supuestamente muda, le enseñan a hablar, o al menos a comunicarse a través de la valentía de su maestra (Annie Sulivan), que también fue ciega y que se dedica a la niña: emocionante escena cuando lo logra. Un canto a la vida que siempre debería ser bella.
Hacer teatro para mí no es trabajo; es una labor tan edificante que lo hago por necesidad. Disfruto mucho dirigir a actores inteligentes, disciplinados, estudiosos y apasionados, y fue por esta razón que logramos el éxito.
El Teatro Sánchez Aguilar, en su quinto aniversario, también celebra a su público, que no solo desea entretenerse, sino que también quiere comprometerse, emocionarse, explorar la historia, expandir el horizonte, denunciar abusos, abolir la pobreza e inspirar amor a través del teatro; porque el teatro educa, revela, humaniza, confronta y alimenta el alma.
Felicidades, TSA, por tu 5to aniversario. ¡QUE CUMPLAS MUCHOS MÁS!
Facebooktwitteryoutubeinstagram