María de Lourdes
Al hablar de teatro es necesario precisar que “a lo largo del siglo xx coexistieron y dialogaron dos vías de exploración, de experimentación y, por lo tanto, de renovación teatral. Una, sin precedente, consiste en negar la primacía del texto: lo imaginario de la representación se regenera en el escenario mismo que inventa escrituras no narrativas de los cuerpos, de los volúmenes, de los espacios. La otra reside al contrario en el poder de cuestionamiento y de innovación de las formas mediante la lengua: los autores inventan teatro a contrapelo de sus presupuestos canónico, sitúan al drama frente al desafío de su representación.” (Ryngaert y Sermon, 2006, citado por Garnier, 2011, p.185).
Entiendo al teatro como el hecho escénico, ese momento efímero, vivo, que sucede aquí y ahora. El teatro es cuerpo, sí, y también palabra. Y encontré en la escritura dramática el espacio apropiado donde ensayar una voz para contar. Fue así como, a mediados de julio de 2015, me animé a compartir mis textos con Santiago Sueiras, director y dramaturgo español, quien en ese entonces vino a la ciudad para dirigir una producción del Teatro Sánchez Aguilar. Ramón Barranco nos presentó, y animada por Santiago y Ramón me decidí a publicar. ¿Publicar teatro, aquí? ¿Por qué no! Luego compartí con Virgilio Valero Montalván esta idea loca de editar un puñado de textos y él tuvo la generosidad de prologarlos. “No hay mucha dramaturgia escrita por mujeres que se esté publicando en nuestro medio” –me dijo, lo cual me motivó todavía más, ya que conozco los trabajos de autoras que escriben teatro desde lo femenino en otros países de habla hispana como España, Argentina, Chile, Colombia, Perú.
Pronto comprendí que nuestro público no está habituado a leer teatro, que si publicar narrativa en nuestro medio es un desafío, publicar teatro es quijotesco, que si quería editar debía hacerlo por cuenta propia. Y así fue… Me lancé al vacío con el corazón lleno. Gracias a la dirección ejecutiva, el libro se editó con el respaldo institucional del Teatro Sánchez Aguilar, que en los últimos cinco años ha cambiado el paradigma de las artes escénicas en la ciudad de Guayaquil, y es referente para todo el país.
En junio de 2016, Blanquita Roca nos ofreció el espacio de Factoría Cultural para la presentación del libro, y sugirió que lo hiciéramos con la puesta en escena de una de las piezas. Paralelamente, estaba terminando el taller El cuerpo creador, un proceso de creación coreográfica y performance. Esa experiencia, que además la viví junto a mis hijos, fue muy significativa, permitiéndome abrazar la dicotomía palabra/cuerpo… abrazar también varios fragmentos en ese junio. Entonces supe que Corazones había encontrado director.
El 29 de septiembre de 2016, Ramón Barranco, director artístico del teatro, hizo la presentación del libro de textos dramáticos Mudar de pies y otras piezas breves, junto con el estreno de la obra Corazones, interpretada por Ariel y Axel Zöller, bajo la dirección de Jorge Parra Landázuri, en la Sala Zaruma.
Esa noche tuvimos sala llena. Fue inolvidable. En el camerino me esperaba un sutil arreglo de rosas blancas, que habla de la delicadeza del alma femenina que dirige este teatro. Debo decir además que la fotografía de Paul Torres es excelente, el café de Alexandra -la madrina- insuperable, y todo el equipo humano que lo conforma hacen del Teatro Sánchez Aguilar una familia grande. Gente capacitada, comprometida y sensible, que entiende al arte y la cultura no como accesorios, sino como células madre de toda sociedad humana.
Felicitaciones al Teatro Sánchez Aguilar por
estos brillantes cinco años. Por ser parte de los artífices de sueños que transmutan realidades. Por tocar nuestros corazones.
Gracias por tanta vida. ¡Larga vida al TSA!
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