santiagoParece mentira que haya pasado más de un lustro desde que Ramón me contó su proyecto de venirse a Guayaquil a poner en marcha un teatro; yo animé era una oportunidad que se le presentaba inmejorable.
He de decir que Ramón me había estado insistiendo que le gustaría que fuese a dirigir una obra a Guayaquil, que contaba conmigo para ello; pero yo no me decidía a volar hasta allá. He de confesar que los aviones no me gustan mucho y que hacía muchos años que no volaba; pero me hizo llegar el guion de la obra Guayaquil una Historia de Amor, del dramaturgo argentino Mario Diament. Una obra que me pareció hermosa y muy bien escrita y fue lo que por fin me sedujo para conocer la tierra y las gentes de las que tanto me hablaba mi amigo. Cuando llegué aquí, me encontré con un equipo de gente liderados por el ya citado y su socia Marion, que trabajaban con denuedo para conseguir sus propósitos, y eran realmente loables todos los esfuerzos que hacían. También me encontré con la familia Sánchez Arosemena, principalmente con María Cecilia y Poli, quienes me acogieron con tanta cercanía, con tanto cariño, que realmente me sentía un tanto desbordado: el trabajo con todo el equipo, tanto actoral, como de producción, de comunicación, el escenógrafo, la vestuarista, mi querido David Morejón, que se encargó de cuidarme en todo momento y de hacerme el trabajo más fácil; en fin, con todo el gran equipo que han creado en torno al teatro.
El trato para conmigo fue siempre de un gran respeto, seguramente debido a mis canas, de gran profesionalidad; siempre con el afán de llevar a cabo mis sugerencias y de una intensidad tal, que volví a vivir el trabajo de dirigir con la pasión que tenía a mis comienzos. Realmente fue una gran experiencia: trabajar con ese elenco de actores y actrices, con los que, en algunos casos, he seguido trabajando y que ahora se han convertido ya en amigos.
El resultado creo que fue digno, y pienso que les gustó; ya que lo más sorprendente fue que me volvieron a invitar a dirigir un musical, pocos meses después, dedicado a la gran figura de la canción nacional JJ. Volví a España, ya sabiendo que en cuatro meses volvería a Guayaquil, y ¿qué les puedo decir? volví en noviembre de 2015 y desde entonces sigo acá. Lo último que he dirigido en el teatro, Nuestras Mujeres, seguramente es de lo que más satisfecho me siento. Me he sentido acogido y arropado por las gentes, no solo del teatro de la ciudad, sino por los vecinos del barrio.
Me siento ya un guayaco, con mi deje asturianin, de pura cepa; y la culpa no fue del bolón ni del ceviche, mi querido Poli; sino del cariño suyo y de la gran familia de la Fundación y del Teatro, que ya son mi segunda familia y si me lo permiten, seguiré aportando mi trabajo en el futuro para todo aquello que crean conveniente.
Todo esto se lo debo al Teatro Sánchez Aguilar y a toda la gran familia que le rodea. Gracias por tanto y gracias por hacerme sentir parte de vosotros.
¡Larga vida al teatro! ¡Larga vida al Teatro Sánchez Aguilar!
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