Wilson García

wilson garcíaDirector y programador de Artes escénicas con su proyecto T de Teatro. Durante 19 años, integró el comité directivo de la corporación Festival Iberoamericano de Teatro y la Fundación Teatro Nacional, donde fortaleció su experiencia desde la gestión y la producción, destacándose en los campos de la realización técnica, la publicidad, el mercadeo teatral y la dirección artística y escénica. Ha sido director teatral de obras como Orinoco, Tu ternura molotov, Un dios salvaje, entre otras.

Usted tiene una gran trayectoria en las artes escénicas ¿Nos podría contar con más profundidad sobre las experiencias de su carrera?

wg1Yo tomé como elección las artes escénicas como un medio de expresión, pues tenía clara mi libertad de pensamiento de saber cómo expresar, contar o comunicar: compartir una estética donde el mundo subjetivo de cada quien pueda entregarse hacia los demás, convirtiéndose en la oportunidad de que las personas puedan ver ese mundo interior. Pienso que el teatro es una manifestación de artes escénicas y uno de los lugares más comunes y completos para reunir todas las sociedades y pensamientos. Yo encontré en este arte algo que ya tengo muy fijado entre mí: el respeto de la unidad en medio de la pluralidad. Lo que hacemos a través de la trayectoria es prepararnos para cada experiencia; que sepamos el riesgo que implica hacer teatro ya que empieza desde cero con todo el equipo que se conforma. Estos proyectos siempre te enseñan desde fracasar, pues el teatro es tan generoso que te enseña más desde lo que no sirve, más que en el éxito. Lo que te forma es todo lo que se te presente como interrogante y obstáculos; hay que saber abordarlos y así desarrollar tus pensamientos. Mi trayectoria empezó desde muy pequeño: yo escribía historias donde jugaba y representaba los encuentros con amigos; me interesaba hacer los entremeses y las sátiras típicas que se hacen en Colombia, pues entre las obras, había unos actores que hacían el entretenimiento del intermedio, eso era lo que más me gustaba ver. Empecé con un grupo antioqueño haciendo personajes folclóricos típicos, haciendo pequeños sketches de humor; de ahí evolucioné siguiendo mi profesión donde estudie artes dramáticas en la universidad.

¿Cuál es su visión de las artes escénicas en los próximos años?

wg2Lo mejor de este tipo de manifestaciones es que tienen que ir al día: algunas personas tienen la capacidad de hablar 20 años adelante; otras, hablan del presente; y otras, del pasado tratando de interpretarlo. Este encuentro y experiencia con el público y las artes vivas nunca va a morir; la tecnología jamás entregará la misma experiencia que esta te da: este arte siempre tendrá una constante recordación en el espectador.

Como director, ¿qué busca despertar en los espectadores al momento de presentar una obra?

Primero, no empiezo a crear o a hacer obras en función de lo que yo voy a cambiar del público porque no tengo ese derecho. En lo que sí empiezo a trabajar es en la experiencia y en las herramientas que me han dado al transcurrir el tiempo para hacer una obra con el resultado actual. El público es el que me dice a mí que es lo que les está dando la obra, y ahí es cuando constato lo que hice de una realidad o de un origen, de información en lo que yo creía. Inducir en un “compartiendo adrede” está mal.

Dentro de todos los proyectos que ha dirigido, ¿cuál ha sido el que más lo emocionó?

wg3Cada uno tiene su recordación, pero nunca me voy a olvidar de mis procesos y el resultado que he tenido para las familias. Hacer trabajo en escena con las versiones que tengo de los cuentos infantiles para mí son las más gratificantes que tengo, y el resultado son totalmente puras, emotivas y transparentes, con unos mensajes que son de necesidad para la calidad de vida. En lo personal, me preocupa mucho la brecha de entendimiento entre el adulto, el joven y el niño. Desde mis inicios, hice de príncipes, cuentos, etc., entonces no olvido que a los niños les quedan los personajes como una motivación de su medio de imaginación para crecer.

¿Cómo se siente al trabajar con artistas ecuatorianos?

Me alegran estas experiencias; tengo responsabilidad con el público al que le va a llegar esto; un compromiso con el objetivo de la Fundación de cumplir con la formación de audiencia, el apoyo a la calidad de vida a la ciudad. Entonces, más que sentir, es una motivación. El teatro nos hace dar cuenta de que no estamos solos en la vida porque todos tienen un rol, desde el que abre las puertas hasta la señora que limpia el vestuario. Si se construye un país como una obra de teatro aportando para cumplir el mismo objetivo, sería un país mejor.

El Teatro Sánchez Aguilar está apoyando a jóvenes a crecer en el mundo de las artes escénicas, ¿qué les diría a estos jóvenes para que nunca se desanimen a lograr sus sueños?

Que se concentren y que ubiquen un origen del ser de cada uno, pensado desde cuál es la razón que lo llevó a escoger lo que hacen y porque lo hacen. Yo invito a que todo el tiempo estén repasando, reflexionando, consolidando y conformando el argumento del porqué los tiene aquí parados en esto lo que eligieron ser.

Dentro de su larga trayectoria, ¿alguna vez quiso rendirse?

Sí, eso sale a cada rato, pero hay que aferrarse a tu origen y eso hace que no desistas; sino que al revés, persistas e insistas, como en términos populares “no tirar la toalla” y las razones que te aferran al origen de porqué estoy aquí: esto es mi esencia, mi forma de ser, mi medio de comunicación, mi libertad de pensamiento y mi consolidación de aporte a la mejoría del ser humano pues siempre volveré al él.

Facebooktwitteryoutubeinstagram