ramónNunca he estado muy apegado al número 1; pero, curiosamente, ese número fue el protagonista del día de salida de mi país para afrontar una de las aventuras más apasionantes que he vivido, tanto personal como profesionalmente hablando.
En noviembre de 2011, estábamos viviendo en Europa una ola de frío. Ese 11 de noviembre de 2011, a las seis de la mañana, salía de mi domicilio en Valladolid, camino del aeropuerto de Barajas en Madrid y los termómetros marcaban 12° bajo cero. Me llevaba a tomar el avión un viejo amigo y fuimos todo el viaje divagando de cómo iba a ser mi nueva vida, cómo me iba a tratar una ciudad que climatológicamente hablando, era todo lo contrario a lo que es la ciudad en la que nací y viví, excepto épocas muy cortas, hasta mis 54 años. Al llegar a Guayaquil, la temperatura era de 34° y casi un 80% de humedad; humedad que era la misma que en mi ciudad, pero con 46° de diferencia, y no es lo mismo en el frío que en el calor. Al bajar del avión, el golpe de calor fue de tal magnitud, que me daban ganas de volver a casa.
El teatro iba bien con el cronograma previsto de construcción. Cuatro meses antes, en el mes de julio, habíamos presentado Marion Ecalle y yo, el Proyecto Estratégico del Teatro para sus cinco primeros años de vida; proyecto que aprobó la Fundación, y por el cual, nos ofrecieron quedarnos para ponerlo en marcha. El reto era enorme y sigue siéndolo: me apasionan los retos, te producen una adrenalina muy especial; y en mi caso, sigue produciéndola.
Comenzamos creando el equipo de trabajo, con gentes que nunca habían trabajado en un teatro, salvo honrosas excepciones. Teníamos el reto de poner un teatro de esta magnitud en marcha, con un equipo de gente joven, casi sin experiencia; pero con unas ganas indestructibles, que hacían que cualquier obstáculo que se presentaba, fuera vencido con eficacia final. Había ganas de crear, había ganas de aprender, había ganas de dejarse la piel en ello, y siempre con una sonrisa en los labios.
He de decir -y cada vez que me preguntan así lo atestiguo- que lo que más me sorprendió de la ciudad fue su gente: la gente de Guayaquil, y de la costa en general, es súper amable, extrovertida y acogedora; siempre con una sonrisa en la boca y una frase amable en el saludo. Te abren las puertas de su casa en el segundo encuentro que tienes con ellos, te hacen sentir realmente en tu hogar.
Han pasado más de cinco años desde mi llegada. Estamos celebrando nuestro quinto aniversario y a punto de comenzar la sexta temporada del plan que imaginó Don Carlos Sánchez Aguilar. Seguimos mirando al frente y ya tenemos aprobado nuestro proyecto estratégico para los próximos cinco años, porque como dice el refranero castellano: “el que adelante no mira, atrás se queda”, y la familia del Teatro Sánchez Aguilar, no estamos dispuestos a quedarnos atrás; yo soy de los que siempre mira hacia adelante.
Cuando llegué, me preguntaba si iba a ser capaz de acoplarme al clima, a sus gentes, a su ritmo: soy hombre de frío, tan seco y serio como el clima de mi ciudad y con un ritmo algo distinto. Ahora, cuando vuelvo a mi ciudad de nacimiento, me siento un poco fuera de lugar, y echo de menos esta ciudad, húmeda, calurosa, llena de mosquitos en invierno; pero que ha dejado tal huella en mí, que sigo sintiendo mariposas en el estómago y creyendo que todavía nos quedan tantas cosas por hacer, que si me dejan seguir formando parte de esta gran familia que somos el Teatro Sánchez Aguilar, estaré feliz.
Han sido cinco temporadas muy intensas, de arduo trabajo para todos; aprendiendo los unos de los otros y sacando adelante todos los planes que teníamos en nuestra mente. Hemos puesto en marcha iniciativas como: la Escuela del Espectador; talleres de teatro y danza de todos los estilos, Masterclasses; la Matiné Cultural; los Encuentros Nacionales de las Artes Escénicas y Musicales; el concurso de bandas juvenles Urband; el concurso de nuevos talentos teatrales la Maratón del Teatro; la Factoría Cultural. Hemos realizado más de 1.020 presentaciones, con más de 340 artistas, de los cuáles 231 son nacionales y el resto internacionales, con obras teatrales, musicales, danza, ballet y conciertos para todos los gustos y todas las edades. De ellas, 15 producciones propias; 46 coproducciones en la Sala Principal, y 64 coproducciones en la Sala Zaruma. Con las organizaciones Zona Escena y Corporación Imaginario hemos apoyado sus proyectos y hemos realizado con ellos 54 espectáculos y 67 funciones.
Realmente, viendo estos números da vértigo. Si hubiéramos prometido esto en los comienzos del teatro, seguro que algunos nos habrían tildado de locos. Pero aquí estamos, un lustro después y con ganas de estar muchos lustros más; y así, hacer del sueño de Don Carlos Sánchez, una gran realidad.
Gracias por dejarme ser parte de esto.
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